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General Chapter XVIII (2018)


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Misa de Apertura - XVIII Capítulo General

Domingo: 17 de junio de 2018

INTRODUCCIÓN: Como ya he compartido de varias maneras en los últimos años, inmediatamente después de las primeras visitas, me vino a la mente un pensamiento que ha permanecido hasta el final de mi mandato y que ha sido confirmado muchas veces durante ese periodo: El mundo sin congregaciones religiosas como la Sociedad del Verbo Divino sería un lugar mucho más pobre. Y esto es indudablemente cierto para todos los países donde estamos trabajando. Hoy nos unimos para abrir nuestro 18º Capítulo General que representa a los alrededor de 6.000 miembros de la Sociedad del Verbo Divino y a muchos compañeros de misión laicos de todo el mundo. Queremos agradecer al Dios Trino por todo lo que podemos contribuir a enriquecer este mundo en su nombre. Al mismo tiempo, seguimos preguntándonos nuevamente dónde podemos enraizarnos mejor en su Palabra y comprometernos con su misión, permitiendo que el Amor de Cristo nos impulse. Comenzamos nuestra celebración eucarística de apertura en el nombre del Dios Trino.

“DIOS: EL DADOR DE TODO LO QUE ES BUENO”
Pero él ya ha dejado claro cómo vivir y qué hacer.
Lo que DIOS busca en los hombres y las mujeres
es bastante sencillo; haz lo que es bueno y justo para tu prójimo.
Sé compasivo y leal en tu amor,
y no te tomes a ti mismo demasiado seriamente, toma seriamente a Dios. (Miqueas 6:8)

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Queridos hermanos y hermanas,

1. Hoy, en la apertura de nuestro XVIII Capítulo General, nos reunimos en acción de gracias trayendo ante el Dios Trino las alegrías, las esperanzas y los dolores de nuestros cohermanos y compañeros en las misiones de todo el mundo. Al preguntar a nuestros miembros por el tema del capítulo, la mayoría sintió la necesidad de una renovación espiritual que nos llevara de vuelta a la Palabra de Dios como fuente de nuestra inspiración y compromiso. Cualquier discernimiento y renovación tendrá que comenzar desde aquí, volviendo al motivo más genuino de la misión, el amor de Cristo que nos urge.

2. Junto con nuestros socios de misión en todo el mundo, estamos invitados a hacernos dos preguntas fundamentales: ¿Qué quiere Dios que hagamos? y ¿Qué podemos pedirle a Dios?

2.1 La primera pregunta: ¿Qué quiere Dios que hagamos? Siempre recordando que es la misión de Dios la que estamos llamados a compartir: ¿Qué quiere Dios que hagamos en este proceso de discernimiento y renovación? En la búsqueda de respuestas, podemos, buscar ayuda en nuestro Fundador, el Papa Francisco y las lecturas bíblicas de hoy.

La vida de nuestro Fundador es testimonio de la importancia de este proceso de discernimiento y renovación permanentes. Arnoldo Janssen nos recuerda: “Que su santa voluntad siempre se haga. Si nuestro trabajo no es obra suya, es mejor que fracase, y cuanto antes, mejor”. Una vez le pregunté al autor de Camino en la Fe, el P. Josef Alt: ¿Qué le ha impresionado más sobre la vida del Padre Janssen después de escribir una biografía del Fundador de cerca de mil páginas. El P. Alt me dijo que los aspectos más conmovedores eran “la sencillez de vida de Arnoldo Janssen” y “su profunda fe en Dios”, y que todo lo demás era secundario. En una conversación posterior, el P. Alt agregó otro punto, y fue “la perseverancia”. La sencillez, la fe profunda y la perseverancia son probablemente la respuesta del Fundador a la pregunta de lo que Dios quiere para nosotros. Son características importantes de una congregación renovada.

El Papa Francisco escribe: “Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión…” [Gaudete et Exsultate (GE) 23]. Sabemos lo exigente que puede ser un proceso de discernimiento y renovación, y sin embargo, para nosotros como religiosos misioneros, y también para otros, no hay otra manera que discernir continuamente la voluntad de Dios en toda nuestra vida, planificación y acción. El Papa Francisco enfatiza tres pilares esenciales de cualquier proceso de renovación para la iglesia, que también son igualmente importantes para cualquier congregación religiosa: Primero, tenemos que poner a Jesús/el Evangelio nuevamente en el centro; en segundo lugar, una verdadera conversión, hay que hacer un cambio de orientación, mirando al Señor una vez más en busca de dirección y guía en el camino; y, en tercer lugar, este encuentro renovado con el Señor tiene que tener un impacto en la forma en que vivimos, planificamos y participamos en la misión en su nombre. El Papa Francisco nos recuerda que “el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas… Así está realmente disponible para acoger un llamado que rompe sus seguridades pero que lo lleva a una vida mejor” (GE 172).

Al vivir con la Palabra de Dios en el centro de nuestras vidas, al estar enraizados en la Palabra, encontraremos más respuestas a la pregunta “qué quiere Dios que hagamos” cada vez que compartamos la Palabra. Las lecturas de hoy encajan bien con el tema del Capítulo. Cada una tiene un mensaje específico en el contexto de un proceso de renovación: En la primera lectura, el profeta Ezequiel (17: 22-24) toma un ejemplo de la naturaleza. Nos recuerda que el Señor, y no nosotros, es el dueño de todo lo que exisite. El Señor tiene el control de cualquier acontecimiento. Él pone las cosas patas arriba si se necesita un cambio. Puede devolverle la vida a lo que está muerto. - El salmista (92) nos dice que es bueno dar gracias al Señor y nos recuerda que el Señor sostiene aquello que es bueno en la vida, y el Señor permite que muera lo que no es bueno. Pablo en su segunda carta a los Corintios (5: 6-10) comparte algunos elementos esenciales necesarios en el camino de la renovación con el Señor. Lo que Dios quiere que hagamos es ser valientes siempre... “caminar por la fe, no por la vista” ... y “aspirar a complacerlo” ... Marcos en su Parábola de la semilla que crece (4: 26-34) quiere que redescubramos el misterioso secreto de cómo se desarrolla el Reino de Dios. Al igual que la semilla se siembra, la Palabra de Dios debe ser predicada continuamente: crecerá y dará fruto aunque no sepamos cómo. Al igual que la semilla de mostaza, nuestra contribución puede parecer pequeña, pero Dios permite que lo pequeño se convierta en algo grande y vivificante.

En cualquier proceso de discernimiento y renovación, es posible que tengamos que tener en cuenta que nuestra vida espiritual y de oración debe ser desafiada siempre por el mundo y la vida que está fuera de nuestros muros y fronteras. Esta es una llamada a crecer cada vez más cerca del Dios Trino, y al mismo tiempo más cerca de las personas y del mundo. Una dimensión sin la otra nos lleva a una visión reducida de la espiritualidad (OC 27). En el camino, encontraremos la necesidad de conversión:

En nuestra ESPIRITUALIDAD, puede haber necesidad de conversión a una nueva y más bíblica imagen de Dios. En la COMUNIDAD, la conversión es necesaria para lo que tenemos y hacemos en común en lugar de lo que simplemente queremos hacer solos. El LIDERAZGO requiere conversión para asumir responsabilidad, servir y confiar. En cuanto a las FINANZAS, existe la necesidad de conversión a la transparencia, la solidaridad y el profesionalismo. Y en el contexto de la FORMACIÓN inicial y permanente, la conversión se enfrenta, entre otras cosas, al desafío de transformar los hábitos y aprender a pensar de forma novedosa.

Deberíamos evitar la complacencia, dice el Papa Francisco y continúa “nos dice que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que, sin embargo, sobrevivimos. A causa de ese acostumbrarnos ya no nos enfrentamos al mal y permitimos que las cosas “sean lo que son”, o lo que algunos han decidido que sean. Pero dejemos que el Señor venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado” (GE, 137).

2.2. Después de preguntarnos “¿Qué quiere Dios que hagamos?”, Podemos hacernos la segunda pregunta, “¿Qué podemos pedirle a Dios?”. ¿Qué necesito o necesitamos al ver nuestro mundo actual, la iglesia y nuestra congregación? Al hacer esta pregunta en las comunidades de todo el mundo en los últimos años, he recibido muchas respuestas:

  • En Sudán del Sur: La gente pedía curación y reconciliación después de décadas de guerra;
  • En Nicaragua, Brasil, Colombia y Venezuela: La gente oraba por la paz y el fin de la violencia;
  • En las Filipinas / Indonesia / China y Vietnam: La gente quería líderes veraces y honestos;
  • Las víctimas de la trata de personas, las personas que viven con VIH / SIDA en todo el mundo anhelan justicia, equidad y compasión;
  • En Eslovaquia, Ucrania, Letonia, Albania y Croacia: Más personas que nunca buscan el significado en la vida después de décadas de socialismo.
  • En Hungría: Una joven se puso en pie durante la misa y le recordó a la audiencia atónita que necesitábamos más amor en nuestras familias y volver a aprender a confiar;
  • En varios países de Europa occidental como Alemania, Austria, los Países Bajos, Inglaterra e Irlanda, por ejemplo: Muchas personas pierden amistades genuinas, así como la fidelidad y la perseverancia en sus relaciones. Otros dicen que sería una bendición volver a aprender la fe, tener esperanza y practicar una mayor solidaridad;
  • En la India: Un líder laico me dijo durante la misa: “Gracias por enviar a sus misioneros aquí. Desde que están con nosotros, hemos dejado de beber, pelear y matarnos entre nosotros. Hemos aprendido a reconciliarnos y a perdonar. Nuestros hijos van a la escuela; tenemos acceso a agua potable y a los servicios de salud. Todo ha cambiado para mejor. Están prestando un servicio increíble e invaluable”.

Al observar el medio ambiente, se ha vuelto cada vez más evidente para muchas personas con las que trabajamos en todo el mundo la necesidad urgente de atención y preocupación por la creación de Dios.

Durante el año de misericordia, el Papa Francisco enfatizó que en el proceso de conversión y renovación podríamos pedirle al misericordioso y compasivo Dios el perdón y la gracia de perdonarnos unos a otros.

Al comienzo de nuestro XVIII Capítulo General, también podemos preguntarnos: “¿Qué le pedimos a Dios como individuos, como comunidades y como congregación, para nosotros y para todos aquellos con quienes estamos caminando en nuestras misiones en más de ochenta países de todo el mundo?”

3. Al observar las respuestas de personas de todo el mundo, podemos darnos cuenta de la importancia de todo esto para poder pedirle a Dios: Paz, justicia, verdad, autenticidad, compromiso, reconciliación, perdón, misericordia, compasión, curación, significado, amor, amistad, sencillez, fidelidad, perseverancia, solidaridad, esperanza, nuevos comienzos y nueva vida, por ejemplo. No podemos vivir y trabajar sin esos elementos. También podríamos darnos cuenta de que todos esos elementos no tienen precio y no se pueden comprar. Lo más importante en la vida no tiene precio y no se puede comprar. Sin duda, tenemos que hacer nuestra parte, y sin embargo, en última instancia, todos ellos son auténticos regalos dados a aquellos que se los piden a Dios. Por eso, como misioneros, continuamos compartiendo y contando la historia acerca de Dios, el dador de regalos y todo lo que es bueno. Y por eso la obra misionera es y seguirá siendo importante cuando se renueve, impulsada por el amor, enraizada en su Palabra y comprometida con su misión.

4. Para finalizar, nuestro fundador nos recuerda el objetivo de nuestra Congregación. Él dice: “El objetivo es esforzarnos para que la Sociedad como un todo y sus miembros cumplan fielmente la voluntad de Dios. Esto requiere en primer lugar una mayor santificación de sus miembros y, en segundo lugar, que la Sociedad se esfuerce por convertirse en un instrumento cada vez más capaz y más útil en la mano de Dios”…[De este modo, será posible promover cada vez más el honor a la Santísima Trinidad. y especialmente al Espíritu Santo, para difundir la Palabra de Dios en la tierra y con ella el santo amor de Dios, el amor de la virtud cristiana y los grandes tesoros de la gracia del reino divino.] [A los sacerdotes y Hermanos en Argentina y Brasil, San Wendel, 3 de diciembre de 1901 (Arnold Janssen Reader, 2017, sec 321)] Esto también es el objetivo de nuestra renovación prevista.

En el nombre de nuestra Congregación, quiero agradecerles a todos ustedes, queridos cohermanos, Hermanas, compañeros de misión laicos, benefactores y colaboradores, presentes aquí o viendo la apertura online, por lo que son y por lo que hacen. Es la misión de Dios la que estamos llamados a compartir. Le pedimos especialmente al Dios Trino su presencia y guía durante el Capítulo y en el tiempo futuro. Rezamos con el Papa Francisco: “Pidamos al Señor la gracia de no vacilar cuando el Espíritu nos reclame que demos un paso adelante” (GE, 139).